“Diseñar consiste en mejorar aquello que no funciona”

El diseñador digital baracaldés que impulsa encuentros y conversaciones para generar oportunidades

Fotografía del entrevistado| de archivo


Diego Rodríguez, conocido de manera profesional por su marca Arketipo, es un diseñador de productos digitales que, además de su trabajo diario desarrollando software, organiza eventos y formaciones con un objetivo vital para él: generar conexiones entre profesionales para “Que pasen cosas”. Su llegada al diseño fue inesperada: tras estudiar publicidad, Rodríguez descubrió que su lugar no estaba frente al foco, sino detrás de la cámara mientras ayuda a que sucedan “cosas”. Su primer contacto con el diseño profesional llegó poco después de graduarse, durante su trabajo en una editorial científica, donde adquirió los conocimientos técnicos que marcaron el inicio de su carrera.

Asimismo, partiendo del mantra de que “si haces cosas, pasan cosas”, Diego defiende que la inactividad es el único camino al vacío, ya que cuando uno se mueve y habla con personas, la financiación o las colaboraciones tienden a aparecer. Esta filosofía se refleja en su provocadora newsletter de LinkedIn, El diseño no sirve para nada, un título que, lejos de atacar a su oficio, busca abrir debate y mostrar el valor real. “Nos dirigimos mucho al propio sector y desde fuera no se conoce muy bien ni cómo trabajamos, ni cuál es el objetivo”, explica el diseñador. No busca seguidores masivos, sino intercambios de pensamientos que permitan aprender y compartir ideas.

A la hora de hablar en su newsletter, Rodríguez opta por un tono más reflexivo que técnico ya que huye de la figura de experto que llega con soluciones o “recetas” de éxito. Para él, su profesión es un terreno de prueba y error donde lo más honesto es admitir que no siempre se acierta a la primera: “Tú crees que la gente va a utilizar tu herramienta de una manera, pero luego toman otro camino o no les interesa lo que estás haciendo”, especifica el entrevistado.

Captura de pantalla de LinkedIn de su newsletter | Fuente: LinkedIn del entrevistado


Esa mirada reflexiva no se queda en el discurso, también atraviesa su manera de trabajar y entender los proyectos. El tropiezo con experiencias pasadas le dejó una lección fundamental: “Primero hay que ir con lo mínimo, probarlo y ver dónde se puede fallar”, asegura mientras recuerda su experiencia con el proyecto Rent My Desk. Una iniciativa pensada para que las personas que trabajan en remoto pudieran probar distintas oficinas antes de decidir dónde trabajar. Al final la propuesta no se llevo a cabo, pero le dejó otra enseñanza: “Hay que ser humilde y pensar que la visión de uno mismo es limitada y que se necesita escuchar a todo tipo de perfiles, desde la parte económica hasta la persona que lleva el mantenimiento de un edificio”.

En relación con su trayectoria, si su profesión fuera una imagen, sería una fotografía panorámica similar a la del cruce de Shibuya en Tokio, el escenario perfecto para que surjan historias y oportunidades infinitas. Esa idea se traslada en los encuentros que organiza el baracaldés en su serie de “Txominadas”, reuniones mensuales en el Txomin Barullo de Casco Viejo en las que se fomenta una conversación honesta y espontánea con personas diversas alrededor de una comida. 

Para que estas conexiones sean posibles, el facilitador de encuentros considera necesario desprenderse de prejuicios y visiones cerradas, además de mostrar empeño en entender a los demás. Su meta es evitar una única manera de pensar y mantener una mirada limpia capaz de comprender las necesidades del resto para crear soluciones.

(Lado Izquierdo) Diseño creado por el entrevistado Diego Rodríguez para plasmar sus “Txominadas” | Fuente: LinkedIn del entrevistado

(Lado Derecho) Cruce de Shibuya en Tokio | Fuente: Spine Card


Por otro lado, la forma de entender el diseño también se traslada al espacio físico. “Cómo diseñas las cosas, ayuda o dificulta la manera de usarlas”, confiesa Diego Rodríguez. Para ilustrar esta idea, el creador de Arketipo recuerda el experimento de un diseñador austriaco que colocó varias sillas en un parque con una particularidad. A diferencia del mobiliario urbano habitual, podían moverse. Su intención era observar cómo las personas utilizaban el espacio cuando se les daba esa posibilidad.

Durante el tiempo que estuvo allí, comprobó cómo los mayores desplazaban las sillas hacia la sombra para protegerse del sol y cómo los niños las agrupaban para estar en compañía. Por el contrario, no todos los diseños responden a un propósito claro ni facilitan el uso. “Hay lugares donde he trabajado en los que estás sentado mirando a una pared y no puedes mover la silla o diseñan bancos con pinchos para que nadie pueda tumbarse o dormir”, explica el diseñador.

Para Rodríguez, estos detalles no son anecdóticos, ya que la manera en que se diseñan los espacios condiciona comportamientos y revela qué tipo de sociedad se quiere fomentar. Observar lo que ocurre alrededor permite ver aspectos “mejorables” en términos de accesibilidad o gestos sociales que a menudo pasan desapercibidos. Quizá por esa razón el creador de las Txominadas pasea sin escuchar música, para desarrollar esa sensibilidad que distingue lo útil de lo hostil. “Para mí un viaje fantástico sería ir a Piccadilly Circus en Londres y sentarme con un refresco a ver pasar a la gente”, reflexiona el diseñador.

Famosa intersección y plaza de Piccadilly Circus en Londres | Fuente: Cestee


De esa observación constante nace una preocupación a ojos del diseñador: la falta de espacios y ocio en Bilbao para jóvenes entre 14 y 18 años. “No hay casi nada para ellos. Hay algunos clubes de tiempo libre, pero no hay espacios, ni ocio… Les veo con el móvil en un sitio resguardado de la lluvia”, afirma el creador de Arketipo. Para el entrevistado, esta es una de esas realidades que hay que “enfrentar” aplicando la esencia de su oficio: mejorar aquello que no funciona.

La solución, según el baracaldés, es sencilla: se basa en escuchar a los jóvenes, entender qué necesitan y hacerles partícipes del proceso para llegar a una solución. A partir de ahí la creatividad necesita unos límites: “Hay que fijar un presupuesto, tiempo y un grupo de gente limitado”, señala. Esa misma lógica la aplica a su recorrido profesional. Criado en la margen izquierda del Nervión, en un entorno industrial donde el empleo estable era la referencia, siguió ese mismo camino por años, sin embargo, reconoce que no era feliz y que las circunstancias le llevaron a inclinarse por el modelo freelance.

Por último, Diego Rodríguez no idealiza el trabajo autónomo, no obstante subraya que la estabilidad en una empresa tampoco está garantizada, en especial a partir de cierta edad. Valora trabajar por cuenta propia por la posibilidad de aprovechar oportunidades sin depender de nadie y por ello, aconseja mantener siempre proyectos paralelos, ya sean para clientes o personales, que puedan crecer y generar ingresos. Asimismo, advierte del desgaste que sufren muchos profesionales en grandes corporaciones tras años de exigencia constante, una realidad que, a su juicio, rara vez se cuestiona hasta que es demasiado tarde.

Para Diego Rodríguez, el diseño no solo es estética o técnica, sino un medio para generar oportunidades, conectar personas y transformar espacios. Su filosofía puede resumirse en su lema: “Diseño para que pasen cosas”.

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